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Prende motores la segunda versión del Festival Internacional de Cine y Metal 2021

Por Sebastián Rozo – Periodista

 

Con la proyección de: Actos de resistencia: Heavy metal en Latinoamérica en la Cinemateca Distrital de Bogotá, el Festival Internacional de Cine y Metal abrió el telón para lo que será su segunda edición, donde prevalecerá el contenido con amplio sentido crítico y social, y posicionará al metal pesado, en tanto género musical, como un dispositivo que altera la naturaleza de donde se encuentra.

El documental, bajo la dirección del puertorriqueño Nelson Varas-Diaz, y que le dio altura y profesionalismo a la inauguración del festival desde su inicio, surcó por varios escenarios latinoamericanos y tres ejes temáticos: la educación en Guatemala, memoria y paz en Colombia y activismo ambiental en Ecuador.

Allí, en estos tres países, se consolida la visión del heavy metal como un vehículo de transformación de realidades, cambiando su esencia y su rol como un simple escenario de entretenimiento para re-significar y comprender su papel a través de ciertas mediaciones para la acción social. Esto, personificado en apoyo para niños de escuelas rurales, creando memoria y no repetición de conflictos civiles por medio de composición musical y letras o defendiendo el agua y el medio ambiente con activismo permeado, básicamente, por rock duro.

La audiencia percibió un gusto personalista del director. Admitió, en un conversatorio posterior al filme que: “No todo es violencia. Son tres países, tres casos distintos. Soy documentalista y, a veces, sin serlo, las experiencias se vuelven violentas por si mismas” Esto con el fin de expresar que la música se transforma para criticar y actuar. “El metal se convierte en una fuerza decolonial, en la medida que se transforma a si mismo con elementos regionales de América Latina para confrontar la historia colonial de la región” concluyó.

De esta manera, deja entrever que la concepción que se planteaba desde ciertos países, como Cuba, que el metal y el rock era una estrategia de Estados Unidos para americanizar a las poblaciones del centro y sur del continente es, simplemente, burda. Al respecto, Nelson afirma: “Hay bandas americanas que son decoloniales, el origen del metal lo podemos rastrear en las comunidades afroamericanas o las bandas latinas han transformado su sonido. Todo esto para exaltar que una parte del metal, no todo, hace parte de una estrategia decolonial”

Estrategia que se plasma en los actos de resistencia y que comprendimos también con René, otro panelista del foro, y uno de los protagonistas del documental, que afirmó: “El metal siempre será contestatario y crítico, sin dejar de lado la solidaridad humana que este puede llegar a promover”

Así finalizó la primera jornada del Ficime, planteando visiones del mundo por medio del cine y cuestionando a la audiencia hasta qué punto disfrutamos el metal pesado como espacio de esparcimiento o lugar para transgredir el funcionamiento de la sociedad.

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